Safo

Círculo de Lectura, ahora leyendo, Aproximación al Lesbianismo a Través de la Literatura, Recopilación realizada por Ciudad de Mujeres.

Safo (630-560 a.d.n.e.), la poeta de la isla de Lesbos.

Safo fundó una escuela literaria, en la que se impartía gimnasia, música y danza y donde las mejores familias enviaron a sus hijas para que fueran educadas.

Dos siglos después de la muerte de Safo, Platón dijo de ella que era la décima musa.  Safo escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conservan algunos fragmentos de todos ellos. Parte de esta lamentable pérdida cultural se la debemos a la Iglesia Católica, que mandó destruir en Roma y en Constantinopla, en el año 1073, todas las copias de sus poemas, lográndose recuperar tan sólo unos 650 versos, que fueron descubiertos en un papiro en el siglo XX.

Los más bellos poemas de Safo son los consagrados al amor, pero también cantó la hermosura de la naturaleza y compuso himnos nupciales.

Muchos de sus poemas eran monodias, canciones interpretadas por una sola voz con el acompañamiento de una lira. Su prodigalidad y su profundo conocimiento de la música y de la danza le permitieron crear un verso conocido como la estrofa u oda sáfica (tres endecasílabos y un adónico final de cinco sílabas).

Fragmento 23 P

pues cuando te miro a la cara creo
que jamás Hermíona fue tan bella
y que no está mal que a la rubia Helena
yo te compare….

Escribió en el dialecto de su isla, siendo siempre su fuente de inspiración Lesbos. En los poemas de su última época se describe a sí misma como una anciana que goza de una vida tranquila y en armonía con la naturaleza.

Safo, como representante de la Antigüedad, ha tenido una importancia capital para las mujeres lesbianas. Se convirtió en un referente poético, un modelo de libertad sexual que alarmaba al patriarcado por el hecho de que una mujer fuera poeta y amara a otras mujeres.

Igualmente inquietaba el que sus poemas destilaran relaciones igualitarias o lo que hoy denominamos, relaciones horizontales, basadas en un deseo y en una reciprocidad mutua.

Nada que ver con las relaciones asimétricas patriarcales o verticales, donde encontramos el par -dominante/dominada-.

Mientras que en la sociedad griega la homosexualidad masculina y en particular, la pederastia, estaba reconocida y considerada como una práctica corriente y necesaria en la asunción de los roles de dominante y dominado, “ceder al amante era una obligación de estado”, según afirma Roberto Calasso, ceder ante Safo no constituía obligación social ninguna.

A la obligatoriedad del sometimiento del efebo ante el hombre adulto en las relaciones atenienses, Safo contraponía el respeto a la amada y la ayuda benévola de la diosa.

En su Oda a Afrodita, Safo, intercede a la diosa los favores de su amada antes que obligar a la joven a mantener relación con ella.

Oda a Afrodita

¡Tú que te sientas en trono resplandeciente,
inmortal Afrodita!
¡Hija de Zeus, sabia en las artes de amor, te suplico,
augusta diosa, no consientas que, en el dolor,
perezca mi alma!
Desciende a mis plegarias, como viniste otra vez,
dejando el palacio paterno, en tu carro de áureos atalajes.
Tus lindos gorriones te bajaron desde el cielo,
a través de los aires agitados por el precipitado batir de
sus alas.
Una vez junto a mí, ¡oh diosa!, sonrientes tus labios
inmortales,
preguntaste por qué te llamaba, qué pena tenía,
qué nuevo deseo agitaba mi pecho,
y a quién pretendía sujetaras con los lazos de mi amor.
Safo, me dijiste, ¿quién te agravia?
Si te rehuye, pronto te ha de buscar;
si rehúsa tus obsequios,
pronto te los ofrecerá aunque no quiera ella.
Si ahora no te ama, te amará hasta cuando no lo desees.
¡Ven a mí ahora también, líbrame de mis crueles tormentos!
¡Cumple los deseos de mi corazón, no me rehúses tu
ayuda todopoderosa!
Me enamoré, Athis, de ti, hace mucho tiempo
y me parecías sin gracia, como una pequeña niña.
Sé que más tarde alguien se acordará de nosotras.
Como el viento desenfrenado que en las montañas
cae sobre los bosques, el amor estremece mi ser.
No puedo decidir: hay en mí dos almas.
Hiciste bien en venir, pues te anhelaba
y desfallecía por este deseo que incendia mi alma.

Otros poemas de Safo:

A una amada

Paréceme a mi que es igual a los dioses
el mortal que se sienta frente a ti y desde
tan cerca te oye hablar dulcemente y
sonreír de esa manera tan encantadora.
El espectáculo derrite mi corazón dentro
Del pecho. Apenas te veo así un instante,
me quedo sin voz. Se me traba la lengua.
Un fuego penetrante fluye enseguida
por debajo de mi piel. No ven nada mis ojos y
empiezan a zumbarme los oídos, me cae
a raudales el sudor. Tiembla mi cuerpo
entero. Me vuelvo más verde que
la hierba. Quedo desfallecida y es todo mi
el aspecto el de una muerta…
…lo que no pudo impedir la
Iglesia es que la figura de esta
poeta marcase dos mil años de
amor entre las mujeres.

Compilación titulada, Aproximación al lesbianismo a través de la Literatura, realizada por  Ciudad de Mujeres.

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One Response to Safo

  1. seras giovanni says:

    ¿cúal era la nacionalidad o ciudad (polis) de athis la más conocida compañera de safo?

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